...y enmedio del tumulto distinguió sus ojos rojos, ardientes de emoción por destruir a quien se interpusiera en su camino, brillantes de expectación por ver el triunfo de su señor sobre todo lo demás. Y a pesar de que lo sabía, no sintió miedo ni la más minima pizca de desprecio o repulsión, sólo se dedico a observar su cabello oscuro, su rostro perfecto y su piel pálida que resaltaba entre todas las demás. Casi tuvo ganas de sonreir, casi tuvo ganas de llamarle y fue entonces cuando él la miró.
-Yo sé quién eres -susurró la chica
Los ojos de fuego del aludido, se apagaron y se tornaron oscuros. Luego, sonrió.
Acercó el dedo índice y medio a su rostro, los juntó y los presionó suavemente y de lado contra sus labios sin dejar de mostrar una sonrisa de complicidad, mientras en su dedo anular brillaba un anillo ambar, ovalado, con el simbolo que proclamaba lo que él era y de donde venía.
-El sirviente del demonio ha despertado -susurró él y ella pudo leer sus labios desde donde estaba.
La joven frunció el ceño un poco al confirmar sus sospechas y justo cuando comenzó a caminar hacia él, desapareció entre la multitud del lugar.
¿Acaso no deberia odiarle?
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